
En las clases de alfabetización en inglés de 6.º a 8.º curso de la Escuela de Guadalupe, los alumnos no se limitan a leer libros, sino que aprenden a hablar sobre ellos de una forma que fomenta la confianza, la independencia y un auténtico valor intelectual. Una de las herramientas más eficaces que utiliza la profesora Tegan Voils para lograrlo es el seminario socrático: un debate estructurado y basado en un texto en el que los alumnos dirigen la conversación, se enfrentan a preguntas abiertas y practican cómo responder de forma reflexiva a sus compañeros.
Al comienzo de cada seminario, la señorita Tegan comparte una definición que sirve de marco para el trabajo que se va a realizar. La educadora Elfie Israel lo describe así: un seminario socrático es un debate formal basado en un texto y guiado por preguntas abiertas, en el que los alumnos escuchan con atención, piensan de forma crítica, expresan sus ideas y aprenden a «plantear preguntas de forma inteligente y respetuosa».
Esa definición es el modelo que rige lo que ocurre en su clase durante toda la etapa de secundaria.
Desarrollo de la habilidad desde 6.º hasta 8.º curso
Para muchos alumnos de 6.º curso, el primer seminario socrático es su primera experiencia con este tipo de debate académico. La profesora Tegan es sincera al respecto: el comienzo puede ser «un poco complicado», y tiene previsto intervenir más al principio, interviniendo brevemente para mantener el rumbo, evitar respuestas repetitivas y mostrar cómo es un intercambio significativo.
Pero el objetivo es siempre el mismo: hacer que los alumnos asuman la responsabilidad.
Para cuando llegan a 3.º de ESO, suelen haber participado en varios seminarios cada año —a menudo tres o cuatro por curso—, por lo que la experiencia se va acumulando. Los alumnos se convierten en lo que la señorita Tegan denomina «veteranos», cada vez más capaces de llevar adelante el debate sin recurrir al profesor para que valide cada idea.

De «lo correcto frente a lo incorrecto» a pensar por sí mismos
Una de las razones fundamentales por las que los seminarios socráticos son importantes es que rompen con un hábito que muchos alumnos traen consigo a los debates escolares: el instinto de buscar la «respuesta correcta» o de adivinar lo que el profesor quiere oír.
La señorita Tegan lo señala directamente. Algunos alumnos empiezan viendo las conversaciones en clase en términos de blanco o negro: lo correcto frente a lo incorrecto. Pero el seminario está diseñado deliberadamente para dejar más «zona gris», ya que las interpretaciones de un personaje, una decisión o un tema pueden variar legítimamente en función de las pruebas y la perspectiva.
Es aquí donde el aprendizaje da un giro. Los alumnos empiezan a darse cuenta de que:
- Tienen derecho a formarse su propia interpretación, no a tomar prestada una.
- Sus experiencias vitales determinan lo que perciben en un texto.
- El aula se convierte en un lugar donde poner a prueba ideas, no solo donde repetirlas.
Y lo más importante es que empiezan a aprender unos de otros, no solo del adulto que está al frente del aula.
Esta unidad da paso al seminario
En las clases de la profesora Tegan, los seminarios no son actividades aleatorias. Son la culminación de una unidad más amplia. Los alumnos leen un texto principal (a menudo un libro completo) y luego lo complementan con artículos y lecturas de apoyo que se relacionan con los temas y las preguntas de la unidad. Cuando llega el seminario, cualquier texto de la unidad es «válido», lo que anima a los alumnos a sintetizar información de diversas fuentes en lugar de basarse en un solo capítulo o escena.
Por ejemplo, la señorita Tegan cuenta que los alumnos de 8.º curso acaban de terminar una unidad didáctica titulada «El encuentro con el mal». Los alumnos comenzaron la unidad viendo un documental titulado «El camino hacia el genocidio nazi». A continuación, leyeron El diario de Ana Frank (la versión teatral), La noche, de Elie Wiesel, y, por último, el discurso que Wiesel pronunció en la Casa Blanca en 1999 titulado «Los peligros de la indiferencia». A través de estas historias, los alumnos comienzan a establecer conexiones entre las vidas individuales de personas reales, el contexto histórico y las verdades más amplias sobre lo que significa ser humano.
«Nos debatimos con la cuestión de si los seres humanos son inherentemente buenos o malos, o si realmente se puede reducir a algo tan simple», afirma la señorita Tegan.
Al final de cada unidad, los alumnos cuentan con el contexto, las pruebas y un conjunto de ideas que merece la pena debatir.

La preparación es imprescindible (y, en la medida de lo)
La señorita Tegan no les pide a los alumnos que «simplemente vayan a clase y hablen». Les enseña a prepararse, sobre todo a aquellos que se ponen nerviosos al hablar en público.
Antes de un seminario, los alumnos rellenan una hoja de preguntas y traen sus apuntes: preguntas proporcionadas por el profesor (para orientar la estructura y los puntos de partida), así como preguntas que los propios alumnos elaboran, basadas en lo que desean profundizar.
Su rendimiento se evalúa mediante una rúbrica de discurso académico que establece unas expectativas claras y concretas. Se evalúa a los alumnos en función de su preparación, el uso del vocabulario, la calidad y la profundidad de sus aportaciones, la fidelidad al texto, la interacción con las ideas de los demás y su comportamiento en el debate colaborativo.
Y tras el seminario, los alumnos escriben una reflexión. En ella se les pide que mencionen una afirmación que hayan hecho, las pruebas que hayan utilizado y un momento en el que cambiara su forma de pensar. Está claro que el objetivo no es simplemente hablar, sino crecer a través del diálogo.
Escuchar es una habilidad, no un estado de ánimo
Una de las cosas más importantes que enseña la señorita Tegan es que participar no consiste solo en hablar. Se trata de escuchar con atención para poder responder a lo que realmente se está diciendo.
Se ha dado cuenta de que los alumnos nerviosos a veces ensayan mentalmente un argumento, esperando su oportunidad, pero acaban expresándolo cuando la conversación ya ha avanzado. Por eso, les enseña a seguir el hilo de la conversación en tiempo real: a partir de las ideas de los demás, a formular preguntas de seguimiento y a adaptar su razonamiento a medida que avanza el diálogo.
Ese es el tipo de escucha que se convierte en una ventaja para toda la vida: escuchar con la intención de comprender, no solo de responder.

«Necesitamos escuchar a todo el mundo», y este es el motivo
En los seminarios, la señorita Tegan espera que todos los alumnos participen, y es sincera al explicar la razón práctica: no puede evaluar vuestro razonamiento si nunca lo escucha. Pero la razón más profunda es que la señorita Tegan sabe que cada alumno aporta una perspectiva que merece la pena escuchar.
Por eso, la rúbrica no solo premia a los alumnos que hablan con soltura. Evalúa explícitamente cómo los alumnos invitan a otros a participar en el debate. Para obtener la máxima puntuación, los alumnos deben involucrar a alguien de forma activa y eficaz haciéndole una pregunta concreta, y no solo llamándole la atención.
La señorita Tegan enseña a los alumnos a hacerlo con delicadeza, porque la reticencia suele deberse a los nervios o a la inseguridad, no a que no tengan nada que aportar. Su mensaje es claro: sí que tienen una opinión. La tarea de la clase es crear las condiciones para que pueda salir a la luz.
Discrepar —de forma respetuosa— forma parte de la tarea
Un seminario en el que todo el mundo está de acuerdo puede parecer «fácil», pero esa no es la cuestión.
La señorita Tegan fomenta activamente el desacuerdo, sobre todo porque los alumnos más jóvenes pueden caer en una «mentalidad de rebaño» y limitarse a repetir lo que dice el primer alumno que interviene con seguridad, en lugar de pensar por sí mismos. A veces, ella misma ofrece un contraargumento respetuoso con el único fin de dar pie a que surja un debate más valiente y sincero.
Los alumnos aprenden una regla sencilla pero fundamental: discrepa de la idea, no de la persona.
Eso significa sustituir «esa es una idea estúpida» por «yo lo he interpretado de otra manera» o «yo lo veo desde otra perspectiva». Se trata de un pequeño cambio en la forma de expresarse que da lugar a un gran cambio cultural, en el que los alumnos pueden cuestionar las ideas sin dañar las relaciones.
El vocabulario forma parte del lenguaje cotidiano
Otra característica distintiva de los seminarios de la señorita Tegan: se espera que los alumnos utilicen el vocabulario de la unidad de forma auténtica.
Las expectativas del seminario premian el uso coherente y preciso del vocabulario clave para aclarar ideas, no como un ejercicio de memorización, sino como una herramienta para pensar y expresarse con mayor precisión.
Así es como el lenguaje académico se convierte en un lenguaje útil. Los alumnos practican para hablar como académicos porque están realizando un trabajo académico.
Por qué es importante para el instituto... y para la vida
Cuando los alumnos de Escuela terminan 8.º curso, ya han practicado en numerosas ocasiones algo con lo que muchos adultos siguen teniendo dificultades: participar en una conversación constructiva en la que las personas no están de acuerdo.
Aprenden a:
- participar en un debate bien preparado y basado en datos contrastados
- escuchar activamente y responder directamente
- haz preguntas que profundicen en la conversación, en lugar de desviarla
- discrepar con respeto y mantener la confianza en su propio criterio
- colaborar para que el debate se convierta en un verdadero esfuerzo colectivo
Esas son habilidades que preparan para la secundaria. También son habilidades de liderazgo. Y en un mundo que a menudo valora más la vehemencia que la reflexión, los seminarios socráticos ayudan a los alumnos de Escuela a desarrollar algo aún más valioso: la capacidad de pensar con claridad, expresarse con determinación y aprender de personas que no son exactamente como ellos.
Eso no solo es útil para la clase de inglés. También te ayuda a convertirte en el tipo de persona capaz de lidiar con situaciones complejas con confianza y amabilidad.

