
En la Escuela de Guadalupe, la fe no es una asignatura aislada ni una casilla que marcar, sino el hilo que une nuestros estudios, el servicio, el aprendizaje de idiomas y la vida comunitaria diaria. Como Presidente Nicky Freeburg, Ed.D, explica, "Nuestros estudiantes obviamente reciben instrucción directa acerca de nuestros valores católicos a través de clases de religión, a través de la preparación Sacramental en segundo y tercer grado para la Reconciliación, Primera Comunión y Confirmación." Estas experiencias explícitas son esenciales para nuestra identidad católica. Pero es la infusión implícita y cotidiana de la fe en toda la cultura escolar lo que da a Escuela su corazón y su fuerza.
La cosmovisión católica en cada rincón
Desde el aula hasta el patio de recreo y la comunidad en general, Escuela anima a los alumnos a vivir una visión católica del mundo.
Como señala Nicky, "cuando hablamos de valores, siempre lo hacemos en el contexto de ¿qué nos pide nuestra fe que hagamos? ¿A quién nos llama nuestra fe a ser?".
Los alumnos aprenden no sólo lo que es correcto, sino por qué, porque, como ella nos recuerda, "Jesús nos enseñó a ser amables los unos con los otros. Eso es exactamente lo que nos dijo que hiciéramos".
Este sentido de propósito moral se refuerza en todas las áreas de contenido académico. Aunque nuestros programas de alfabetización y otros programas básicos son laicos, los profesores enmarcan hábilmente el aprendizaje en el contexto de la doctrina social católica. Las historias, los ejercicios de escritura y los debates exploran a menudo temas de justicia, reconciliación, compasión y comunidad.
"La pieza formativa más importante para todos nuestros alumnos gira en torno a la moral católica", afirma Nicky.

Un servicio arraigado en los valores católicos
Una de las expresiones más visibles de la fe en la Escuela es el servicio. Todos los alumnos participan en proyectos de servicio a la comunidad a lo largo del año, algunos a nivel de aula y otros implicando a toda la escuela. El "Día de Servicio de la Hermana Susan", piedra angular de este compromiso, es una tradición anual en la que todos los alumnos y miembros del personal de la Escuela salen a la comunidad de Denver para trabajar en jardines, residencias de ancianos, parques, refugios para personas sin hogar, bancos de alimentos y mucho más.
A través de estas experiencias, los estudiantes aprenden los principios fundamentales de la doctrina social católica: la dignidad de la persona humana, el cuidado de la creación y la llamada al servicio.
"Tenemos la responsabilidad de cuidar de los que nos rodean", explica Nicky. "En Escuela, enseñamos a nuestros alumnos las obras de misericordia corporales... cuidar de la gente que nos rodea, cuidar el medio ambiente, cuidar nuestra casa común".
El servicio no es extracurricular, es curricular. Es la fe en acción, y una manera clave en que Escuela inculca un sentido de responsabilidad cívica y católica en cada estudiante.
Los profesores como testigos vivos
Quizás la herramienta más poderosa para la formación en la fe en la Escuela sea el propio personal. Con más del 90% del profesorado y del personal identificándose como católicos, los alumnos encuentran a diario modelos que encarnan los valores católicos con sinceridad y alegría.
Nicky destaca cómo los profesores integran su fe en los momentos cotidianos.
"Verán a nuestros profesores rezando con nuestros alumnos. Los verán modelando cómo pensar a través de un problema-cómo trabajar a través del conflicto usando el lenguaje del respeto, la reconciliación y la dignidad para cada persona."
Ya sea utilizando parábolas para iluminar un concepto o modelando en silencio la reverencia durante la Misa, los profesores de la Escuela muestran lo que significa vivir una vida guiada por la fe.
Además, momentos como la recepción visible de la Eucaristía por parte del profesorado en las misas escolares, o la celebración de actos eclesiásticos con auténtica emoción, no pasan desapercibidos para los alumnos.
"Es muy fuerte", dice Nicky, "cuando los alumnos ven a sus profesores subir a recibir la Eucaristía. Los niños lo sienten".

Fe y lenguaje en auténtica armonía
El programa de doble lengua de la Escuela -una parte esencial de su identidad académica y cultural-no está separado de la fe. Al contrario, ambas se refuerzan mutuamente.
Como explica Nicky, "la mejor manera de que los alumnos aprendan un idioma es dentro de contextos auténticos... y nuestra fe es nuestro contexto auténtico".
Hablar de valores espirituales, prepararse para los sacramentos o rezar juntos -ya sea en inglés o en español- ofrece a los alumnos oportunidades significativas de utilizar el lenguaje de forma real y personal.
Esta interacción también mejora la propia formación en la fe.
"Si su lengua materna es el español, una forma auténtica de que aprendan sobre su fe es en español, y viceversa, en inglés", dice Nicky. En lugar de tratar la fe y el idioma como silos separados, Escuela los une, ayudando a los estudiantes a desarrollar una comprensión más profunda en ambos ámbitos.

Una identidad católica distintiva
En un panorama educativo diverso y cambiante, la Escuela de Guadalupe destaca no sólo como la única escuela católica bilingüe de Denver, sino como un lugar donde la fe católica no sólo se enseña, sino que se vive. Desde preescolar hasta octavo grado, los estudiantes están inmersos en una comunidad donde el servicio es alegre, el aprendizaje de idiomas es sagrado, y los maestros modelan la compasión y la integridad.
"Nuestra fe nos llama a ser amables. Nuestra fe nos llama a servir. Nuestra fe nos llama a actuar", concluye Nicky. Y en la Escuela, esa llamada se responde cada día.


