"Pueden hacer cosas difíciles". La clase bilingüe de jardín de infancia de Stefanie Esparza

Stefanie Esparza, profesora bilingüe de jardín de infancia, ayuda a los alumnos a creer que "pueden hacer cosas difíciles".

Cuando Stefanie Esparza habla de la Escuela de Guadalupe, no sólo describe un lugar de trabajo, sino que traza el arco de la vida de su familia. Hace más de dos décadas, Stefanie cruzó por primera vez las puertas de la Escuela como madre. Su marido, Arturo, acababa de terminar sus estudios de magisterio y se había incorporado al claustro. Después vendrían sus cuatro hijos: los tres mayores terminaron quinto de primaria en la Escuela antes de pasar a secundaria (antes de que la Escuela ofreciera secundaria), y el más pequeño se quedó hasta octavo. ¿Qué mantuvo arraigada a la familia Esparza? "La comunidad, la cultura: se celebra", dice. "Yo también quería formar parte de eso".

En su época de estudiante de la escuela pública en la zona este de Denver, Stefanie no se sentía identificada. 

"Nuestra cultura o nuestro patrimonio -lo que somos- no se celebraba", recuerda. 

En la Escuela experimentó lo contrario: un lugar donde la lengua, las tradiciones y la historia familiar de cada niño importan. Ese contraste encendió una chispa. Al ver prosperar a sus propios hijos y escuchar las historias de Arturo en el aula, Stefanie se dio cuenta de que no solo quería apoyar la misión, sino vivirla. 

"Por eso fui a la escuela y me hice maestra", dice. "Quería que todos los niños supieran que son aceptados, apreciados, especiales y cuidados".

Stefanie Esparza, profesora bilingüe de jardín de infancia, ayuda a los alumnos a creer que "pueden hacer cosas difíciles".

De madre de escuela a profesora bilingüe de guardería

Perseguir ese sueño mientras criaba a cuatro hijos no fue fácil. Pero fue intencionado. Cuando su hija mayor, Beatriz, terminó el instituto y se fue a la universidad, Stefanie se matriculó en la MSU de Denver para terminar sus estudios de educación infantil, y a menudo se encontraba en el campus al mismo tiempo que su hija, Belicia. 

"No podía empujar a mis hijos a hacer algo que yo aún no había hecho", dice. "Necesitaba obtener también mi título universitario porque iba a empujar a mis hijos a ir a la universidad".

Stefanie regresó a la Escuela primero como estudiante de magisterio en tercer grado y luego como maestra de primer/segundo grado. Amaba ambos. Sin embargo, algo seguía tirando de ella hacia el jardín de infancia. Ahora, tras cuatro años como profesora bilingüe de infantil, está segura de haber encontrado su sitio. 

"Entran y aprenden mucho en el primer año", dice. "Quiero que sepan que lo han conseguido, que pueden hacer cosas difíciles". 

Stefanie dice que es una alegría ver cómo se afianzan los fundamentos: los sonidos de las letras, las palabras que se convierten en frases, las ideas que se transforman en escritura. 

"Lo que les enseño, lo veo desarrollarse y florecer aquí conmigo".

Enseñar con empatía y altas expectativas

La clase bilingüe de Stefanie en el jardín de infancia está suavemente estructurada para que la niña sea valiente. Recuerda que era una estudiante de primaria callada que temía que le preguntaran, incluso cuando sabía la respuesta. Ese recuerdo da forma a su práctica. 

"Les doy tiempo para pensar", explica. "Todos piensan en la misma pregunta. Voy a contar hasta tres, y no importa quién, pero todos tienen la oportunidad de pensar. Así no se les llama en frío". 

Al sustituir la sorpresa por la previsibilidad, Stefanie dirige con empatía y ve florecer la confianza.

Esa empatía se extiende a todo el niño. Algunos años, las necesidades socioemocionales van por delante y las académicas por detrás; otros años, el equilibrio se invierte. En cualquier caso, Stefanie avanza al ritmo de la confianza. 

"Hay que cuidar al niño en su totalidad", dice. En la guardería, eso significa modelar el consentimiento y el cuidado en los momentos más pequeños: preguntar antes de dar un abrazo, fijarse en cómo empujan una silla, ensayar cómo es y cómo suena la amabilidad. 

"Me gustan mucho nuestros valores aquí: ser amables, respetuosos y responsables", dice. "Los utilizamos todo el día".

Stefanie Esparza, profesora bilingüe de jardín de infancia, ayuda a los alumnos a creer que "pueden hacer cosas difíciles".
La Srta. Stefanie y su compañera Cristina, profesora bilingüe de preescolar, dirigen a los niños en una actuación.

Celebrar la cultura, la lengua y los valores

Como educadora de guardería bilingüe, Stefanie celebra el poder cerebral del bilingüismo y la ampliación del mundo que conlleva. 

"Les hace más inteligentes: sus cerebros son capaces de más porque aprenden todo en dos idiomas", dice con una sonrisa. 

Stefanie nunca pierde de vista la promesa que tiene delante: Niños de 5 años "abiertos, felices, dispuestos a aprender" y que ya llevan todo lo que necesitan. 

"Cuando los alumnos saben que se les tiene en cuenta, cuando sus culturas y lenguas no sólo se acogen sino que se centran, cuando se les exigen grandes expectativas porque se cree en ellos, eso es excelencia educativa", afirma, y añade: "Nacen con todo lo que necesitan. Ya lo tienen. Mi trabajo es ayudarles a creerlo -y luego practicarlo- hasta que se convierta en lo que son".

¿Por qué ha permanecido en la Escuela como madre y ahora como profesora? La respuesta tiene varias capas: la forma en que la escuela honra la cultura y la lengua; los valores que animan cada día; la colaboración con las familias; y la oportunidad de presenciar "saltos gigantescos" en personas pequeñas. Pero en el centro está la misma convicción que la llevó a volver a la universidad: el ejemplo importa. Stefanie modela lo que quiere que sus alumnos sepan en sus huesos: que son capaces, que pertenecen y que pueden hacer cosas difíciles.

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