«Te tengo»: Cómo Jessica Magallanes Robles llegó a la Escuela de Guadalupe gracias a la oración

La señorita Jessica con sus alumnos en la Escuela de Guadalupe, el único colegio católico bilingüe de Denver que destaca por su excelencia académica.

Jessica Magallanes Robles no descubrió la Escuela de Guadalupe navegando por las redes sociales ni visitando una docena de colegios. Se enamoró de la Escuela años antes de ser madre, al ver cómo una persona a la que quería se desarrollaba plenamente entre sus paredes.

Era su sobrina. Jessica recuerda que se fijó en lo pequeña que era y en la seguridad con la que ya leía y escribía. Ya entonces, Jessica tomó una decisión: algún día, mis hijos irán allí.

Hoy en día, esa esperanza que tanto tiempo llevaban albergando se ha convertido en algo aún más sorprendente: ¡la hija de Jessica va a la Escuela y Jessica también da clase allí!

Que fuera católica y bilingüe era una condición innegociable

Cuando Jessica habla de lo que quería para sus hijos, no se limita a expresar preferencias vagas. Es muy concreta, casi enérgica, a la hora de describir lo que su familia necesitaba.

En primer lugar: el bilingüismo. Para Jessica, la educación bilingüe no era una cuestión de enriquecimiento cultural. Se trataba de la familia. Sus padres no hablan inglés con fluidez, y tampoco sus suegros. Quería que sus hijos pudieran comunicarse con facilidad con sus abuelos, para mantener el vínculo entre generaciones sin que la traducción fuera un obstáculo.

Segundo: católica. Jessica describe la fe como el pilar de su vida. Más que un valor, es el orden de sus días. En sus propias palabras: «Primero Dios, luego la familia y después todo lo demás».

Así que, cuando llegó el momento de pensar en el colegio para sus propios hijos, tenía las ideas muy claras. Un colegio católico bilingüe no era algo «que estaría bien tener». Era el objetivo. ¡Y solo hay un colegio católico bilingüe en Denver!

La señorita Jessica con su familia. Jessica es auxiliar docente en la Escuela de Guadalupe, la única escuela católica bilingüe de Denver que destaca por su excelencia académica.

Una vocación que comenzó con la fe y luego tomó un camino tortuoso

Mucho antes de que Jessica entrara en un aula como profesora, ya intuía que su vocación era la enseñanza.

Cuando era estudiante y se preparaba para la Confirmación, sus catequistas le causaron una profunda impresión, hasta tal punto que acabaron convirtiéndose en sus padrinos. Su ejemplo moldeó su fe y su futuro: quería enseñar la Palabra de Dios tal y como ellos lo hacían. Tras la Confirmación, se convirtió ella misma en catequista y desempeñó esa función durante 10 años.

Jessica también cursó estudios de magisterio en la universidad, pero tuvo que hacer una pausa cuando su vida se complicó y los estudios se le hicieron difíciles. Aun así, el deseo de enseñar nunca desapareció. Trabajó como auxiliar docente y le encantaba estar en el entorno escolar, pero ese puesto no le proporcionaba lo que su familia necesitaba económicamente, sobre todo cuando su marido cambió de rumbo y empezó a estudiar en una escuela de formación profesional para convertirse en electricista.

Así que Jessica hizo lo que hacen muchos padres: optó por la estabilidad para su familia. Rezó por un trabajo con un horario fijo y un sueldo digno. Poco después, empezó a trabajar como asistente administrativa en una clínica de salud mental, donde permaneció durante siete años. Le encantaba ese trabajo, y le ayudó a que su marido pudiera terminar su formación profesional y avanzar en su carrera.

Aun así, la idea seguía rondándole la cabeza. Jessica le dijo una vez a su marido que suponía que volvería a dar clases más adelante, quizá incluso cuando se jubilara.

La señorita Jessica con su hija. Jessica es auxiliar docente en la Escuela de Guadalupe, la única escuela católica bilingüe de excelencia académica de Denver.

La escuela por la que rezó, el trabajo que no esperaba

Cuando Isabel, la hija mayor de Jessica, se acercaba a la edad escolar, Jessica no se planteó a qué colegio debía ir su hija. Ya lo tenía claro. Empezó a informarse sobre las matrículas y los plazos cuando Isabel aún era muy pequeña, confiando en que Dios le abriría un camino.

Isabel empezó en la Escuela de Guadalupe antes de que Jessica se incorporara al personal. Jessica se las arregló mientras seguía en su trabajo anterior —ella la llevaba por la mañana y su marido la recogía— hasta que las circunstancias cambiaron y supo que era hora de buscar algo nuevo.

Su primer impulso fue presentar su solicitud en la Escuela. Se presentó a un puesto de atención al público, pero no lo consiguió. Sin embargo, en lugar de dejarse desanimar por ello, Jessica lo interpretó como una cuestión de timing. Simplemente, aún no era su momento. Así que hizo lo que siempre hace: rezó.

Entonces llegó ese empujoncito que lo cambió todo. Una amiga le sugirió que se presentara a un puesto de auxiliar de profesora. Jessica dudó. Estaba convencida de que no lo conseguiría.

Y entonces la llamaron para la entrevista. Y luego le dieron el trabajo.

Jessica comenzó en la Escuela de Guadalupe en octubre de 2024, cuando el curso ya había empezado, y todavía lo describe como un milagro. Llevaba años soñando con que sus hijos asistieran a la Escuela. Ahora su hija estaba allí y Jessica también, dando clase. Para Jessica, no parecía una coincidencia. Le parecía la mano de Dios, respondiendo a años de oración fiel y persistente.

La señorita Jessica con su equipo docente. Jessica es auxiliar de profesora en la Escuela de Guadalupe, la única escuela católica bilingüe de excelencia académica de Denver.

«Esto no es solo ayudar. Es enseñar».

Si le preguntas a Jessica qué es lo que más valora, no te hablará de la comodidad, aunque cualquier padre o madre que trabaje sabe que la logística es importante. Ella habla de la presencia.

Estar en la Escuela le permite estar lo suficientemente cerca como para ver con sus propios ojos el progreso de Isabel: lo que va dominando, en qué aspectos tiene dificultades, cómo aprende mejor y cómo Jessica puede apoyarla con claridad, en lugar de a ciegas. Le encanta poder asistir a las clases, entender en qué está trabajando Isabel y ayudarla de una forma que realmente se adapta a sus necesidades.

También le encanta ver cómo se desarrolla el bilingüismo en tiempo real. Un día, Isabel la sorprendió al pedirle que le leyera la parte en inglés de un libro y luego hacerlo con éxito. Momentos como ese son como una prueba. Esto está funcionando. 

Y uno de los aspectos más importantes de la historia de Jessica es cómo describe su función actual en comparación con su anterior trabajo como auxiliar docente. Antes, su trabajo consistía a menudo en tareas de apoyo: hacer fotocopias, corregir exámenes y, de vez en cuando, trabajar con grupos reducidos. Aquí, dice, realmente enseña.

Tiene la oportunidad de trabajar con grupos más reducidos, consolidar las bases de la lectura y la escritura, y ayudar a los niños a adquirir habilidades de diversas maneras. Le encanta que los alumnos se beneficien de escuchar cómo se explica un mismo concepto con diferentes estilos, con dos educadores que refuerzan el mismo objetivo, codo con codo.

Jessica se apresura a señalar que no hace este trabajo sola. Habla con cariño de su colaboración con Karina Acosta-Ferrera, profesora de inglés de 1.º y 2.º curso, y de la solidez del equipo en general, que incluye a Maribel Polo, profesora de español de 1.º y 2.º curso, y a María Lozano-Hernández, asistente de 1.º y 2.º curso. Se apoyan mutuamente. Resuelven los problemas sobre la marcha. Comparten el peso del día a día y la alegría de los logros.

¿Dar clases tras la jubilación? Dios tenía otros planes.

Cuando Jessica reflexiona sobre su trayectoria hasta llegar a la Escuela de Guadalupe, recuerda aquella vez en que le dijo a su marido que quizá le gustaría dedicarse a la enseñanza cuando se jubilara. Pero ahora sabe que Dios tenía otros planes.

«¿Quieres volver a dar clases?», dice ella, riéndose al recordarlo. «Dios me dijo: “Yo te cubro”».

Esa es la esencia de la historia de Jessica: una madre que rezaba por una educación católica bilingüe, una profesora que rezaba por tener la oportunidad de enseñar y una mujer que cree que su camino fue guiado.

Ahora, cada mañana, entra en ese lugar con el que soñaba mucho antes de tener hijos. Y puede vivir la respuesta a su propia plegaria, junto a su hija.

La señorita Jessica con su familia. Jessica es auxiliar docente en la Escuela de Guadalupe, la única escuela católica bilingüe de Denver que destaca por su excelencia académica.
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