Fundación Familia Salazar: 25 años de impacto en la comunidad

Foto de Lola Salazar con niños en la Escuela de Guadalupe. Acompaña a un reportaje sobre la Fundación Familia Salazar.

En 1999, el mismo año en que la Escuela de Guadalupe abrió sus puertas, Lola y Rob Salazar fundaron la Fundación Familia Salazar con una poderosa misión: retribuir a la comunidad que había forjado sus vidas. Ahora, 25 años después, el impacto de la Fundación se extiende al área metropolitana de Denver, con iniciativas que apoyan la educación, el bienestar familiar y el crecimiento de la comunidad. A través del trabajo de la Fundación, Lola y Rob han convertido su gratitud en acción, creando un legado que se ha entretejido en el tejido de la ciudad que aman.

Especialmente para Lola, la Fundación es algo muy personal. Lola, que fue profesora en el condado de Jefferson, siempre ha sentido pasión por la educación. Cuando ella y Rob se encontraron en posición de devolver algo, su corazón les llevó a apoyar escuelas, becas y programas educativos. 

"Queríamos retribuir a las organizaciones que nos ayudaron a llegar adonde estamos", explica Lola, recordando cómo ella y Rob recibieron becas para cursar estudios superiores. 

Levantar a los demás

Este sincero deseo de ayudar a los demás se convirtió en el motor que impulsó la creación de la Fundación. Pero los primeros días y semanas de funcionamiento de la Fundación fueron intimidantes. Cuando creó la organización, Lola recuerda haber llevado el primer cheque al banco. 

"Recuerdo que temblaba", dice, con la voz llena de emoción. "Era una cantidad importante de dinero y la estábamos regalando". 

Desde aquellos primeros días, la Fundación Familia Salazar se ha convertido en una de las organizaciones filantrópicas más dedicadas de Denver, apoyando proyectos que van desde becas y programas escolares hasta bienestar comunitario y recursos familiares.

Filantropía reflexiva

El enfoque filantrópico de la Fundación es tan intencionado como personal. Con solo tres beneficiarios principales cada vez, el patronato de la Fundación examina cuidadosamente cada organización para garantizar un impacto duradero. 

"Se trata de encontrar las organizaciones que más nos necesitan", explica Lola. Desde becas en las escuelas públicas de Denver hasta apoyo a familias monoparentales en Warren Village, las contribuciones de la Fundación son sustanciales y están cuidadosamente dirigidas. Y aunque la escala de la Fundación puede ser menor en comparación con las organizaciones sin ánimo de lucro nacionales, su impacto es poderoso, gracias al liderazgo de Lola y al unido equipo que apoya su visión.

Fundación Familia Salazar en la Escuela de Guadalupe

Una de las colaboraciones más preciadas de la Fundación es con la Escuela de Guadalupe, una escuela católica de dos idiomas que ofrece educación de alta calidad a los estudiantes desfavorecidos de Denver. La conexión entre Lola y la comunidad de la Escuela fue inmediata, ya que en su primera visita fue recibida calurosamente por los alumnos, que le estrecharon la mano en la puerta. 

"Me saludaron", se ríe Lola, recordando a los niños uniformados que la recibieron con una sonrisa. 

A lo largo de los años, Lola se convirtió en una cara conocida de la Escuela, formando parte de la junta directiva y ofreciéndose como voluntaria para leer semanalmente a los niños. Su labor -personal y a través de la Fundación- ha enriquecido la vida de innumerables alumnos. 

Lola Salazar leyendo a los alumnos de la Escuela de Guadalupe.

"Esos niños se ven reflejados en mí, y creo que eso es importante", dice con una sonrisa, testimonio de la profunda conexión que siente con el potencial de cada niño.

En la actualidad, la Fundación Familia Salazar opera desde uno de los tesoros históricos de Denver: la mansión Crawford Hill. Construida en 1906 y conocida por su impresionante arquitectura y su pasado histórico, la mansión es un hogar adecuado para el trabajo de la Fundación. La mansión de estilo renacentista italiano, con su elegante fachada y su rica historia, sirve de recordatorio del pasado de Denver al tiempo que alberga una visión del futuro de la ciudad. En muchos sentidos, la presencia de la Fundación en la mansión refleja su misión: honrar las tradiciones culturales al tiempo que se crean nuevas oportunidades para las generaciones venideras.

Una ciudad hermosa

"Quiero que Denver sea una ciudad donde todo el mundo tenga una cama por la noche, comida en la mesa y educación", dice Lola. "Quiero que mis nietos crezcan en una ciudad de la que se sientan orgullosos".

Cuando la Fundación cumple 25 años, Lola reflexiona sobre el camino recorrido y las vidas que han tocado en el camino. 

"Todas las noches me voy a dormir diciendo: 'No me arrepiento de nada del día; he marcado la diferencia en la vida de alguien'". 

Desde aquel primer cheque en el banco hasta las numerosas subvenciones que la Fundación ha distribuido a lo largo de los años y que han cambiado vidas, el compromiso de Lola de marcar la diferencia es inquebrantable. A través de becas, apoyo a organizaciones locales y asociaciones que se han convertido en una familia, la Fundación de la Familia Salazar se asegura de que el espíritu de dar continúe en Denver en los años venideros.

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